a un mundo que perece...
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, ÉL OS GUIARÁ A TODA LA VERDAD; porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El Me glorificará; porque tomará de lo Mío, y os lo hará saber.
(Juan 16:13-14)
“En lo que he escrito, hay una cadena ininterrumpida de verdad, sin  una sola frase herética”

(E. G. White, Carta 329A, 1905).

“Estos libros contienen la verdad clara, honesta, e inalterable, y ciertamente deberían ser apreciados. Las instrucciones que contienen no son de humana producción.” 

(Carta H-339, diciembre 26, 1904).

“Cuando escribía estos preciosos libros, si titubeaba, se me proporcionaba la palabra misma que yo quería para expresar la idea”

(Selected Messages, vol. 3, pp. 51, 52)

“Yo dependo del Espíritu del Señor tanto al relatar o escribir la visión como al tenerla.”

 (Spiritual Gifts, vol. 2, p. 293)

“No oponerse al ERROR es APROBARLO.
No defender LA VERDAD es NEGARLA”
Martin Lutero (1483-1546)
“Dios quiere que la verdad probadora se destaque al frente y llegue a ser tema de examen y de discusión, aunque sea por el desprecio que se le imponga. Deben agitarse los espíritus. Toda controversia, todo oprobio y toda calumnia serán para Dios el medio de provocar investigación y despertar las mentes que de otra manera dormitarían.”
Joyas de los Testimonios, Tomo 2 p. 153
“Nuestro mensaje debe ser tan directo como era el de Juan. El censuró a los reyes por su iniquidad. Condenó el adulterio de Herodes. A pesar de que su vida corría peligro, la verdad no enmudeció en sus labios. Y la obra que llevamos a cabo en esta época debe ser igualmente fiel…
La causa de Dios ha sido dañada por hombres inconsecuentes que actúan en ella, y cuanto antes se los separe, tanto mejor será…
Dios llama a hombres de fidelidad a toda prueba. No tiene lugar en una situación de emergencia para hombres de dos caras. Quiere a hombres capaces de colocar su mano sobre un trabajo erróneo y de decir: “Esto no está de acuerdo con la voluntad de Dios”…
En estos días finales también debe llevarse a cabo una obra como la de Juan el Bautista, y debe predicarse un mensaje como el suyo. El Señor ha estado dando mensajes a su pueblo mediante los instrumentos que él ha escogido, y quiere que todos presten atención a las amonestaciones y las advertencias que envía. El mensaje que precedió el ministerio del Hijo de Dios fue: Arrepentíos, publicanos; arrepentíos, fariseos y saduceos; “porque el reino de los cielos se ha acercado”. Mateo 3:2. Nuestro mensaje no debe ser de “paz y seguridad”. 1 Tesalonicenses 5:3. Como pueblo que cree en el pronto regreso de Cristo, tenemos una obra que realizar, y un mensaje que proclamar: “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios”. Amós 4:12. Debemos elevar las normas y predicar el mensaje del tercer ángel: los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.”

Mensajes selectos, Tomo 2, 171-173

Acerca de los testimonios, nada es ignorado, nada es puesto a un lado. Sin embargo, deben tomarse en cuenta el tiempo y el lugar. Nada debe hacerse fuera de su tiempo. Algunos asuntos deben ser retenidos porque algunas personas darían un uso impropio a la luz dada. Son esenciales cada jota y cada tilde y deben aparecer en un tiempo oportuno. En lo pasado, los testimonios fueron cuidadosamente preparados antes de que se los enviara para su publicación. Y todavía cada asunto es cuidadosamente estudiado después de ser escrito por primera vez. 1MS65
L a  p a z   d e   C r i s t o   J e s ú s   l l e n e   t u   a l m a ,  q u e r i d o  a m i g o.
Antes de seguir leyendo en este sitio es importante tomarte el tiempo para escuchar estos 6 temas en tranquilidad, serás bendecido en gran manera:
En la mañana del 23 de Octubre de 1879, a eso de las dos, el Espíritu del Señor descansó sobre mí, y
contemplé escenas del juicio venidero. Las palabras me faltan para describir adecuadamente las cosas
que pasaron delante de mí y el efecto que tuvieron sobre mi espíritu.
.
Parecía haber llegado el gran día de la ejecución del juicio de Dios. Diez mil veces diez millares estaban congregados delante de un gran trono, sobre el cual estaba sentado un personaje de majestuosa apariencia. Delante de él había varios libros y sobre las tapas de cada uno de ellos estaba escrito en letras
de oro semejantes a llamas de fuego El libro mayor del cielo. Uno de estos libros, el cual contenía los
nombres de los que aseveran creer en la verdad, fue abierto entonces. Inmediatamente perdí de vista los
incontables millones que rodeaban el trono y mi atención se dedicó únicamente a los que profesan ser
hijos de la luz y la verdad. A medida que se nombraba una tras otra a estas personas, y se mencionaban
sus buenas acciones, sus rostros se iluminaban con un gozo santo que se reflejaba en todas direcciones.
Pero esto no pareció ser lo que impresionó con más fuerza mi espíritu.
 .
Se abrió otro libro en el cual estaban anotados los pecados de los que profesan la verdad. Bajo el enca-
bezamiento del egoísmo venían todos los demás pecados. Había también encabezamientos en cada co-
lumna, y debajo de ellos, junto a cada nombre, estaban registrados en sus respectivas columnas los pe-
cados menores.
 .
Bajo la codicia venían la mentira, el robo, los hurtos, el fraude y la avaricia; bajo la ambición venían el
orgullo y la extravagancia; los celos encabezaban la lista de la malicia, la envidia y el odio; y la intem-
perancia, otra larga lista de crímenes terribles, como la (378) lascivia, el adulterio, la complacencia de
las pasiones animales, etc. Mientras contemplaba esto me sentía abrumada de angustia indecible, y ex-
clamé: “¿Quién puede salvarse? ¿Quién puede ser justificado delante de Dios, cuyas vestiduras están
sin mancha? ¿Quién está sin defecto a la vista de un Dios puro y santo?”
 .
Mientras el Ser santo que estaba sobre el trono hojeaba lentamente las páginas del libro mayor y sus
ojos se posaban un momento sobre las personas, su mirada parecía penetrar como fuego hasta sus mis-
mas almas y en ese momento todas las palabras y las acciones de sus vidas pasaba delante de sus men-
tes tan claramente como si hubiesen sido escritas ante su visión en letras de fuego. El temblor se apode-
ró de aquellas personas y sus rostros palidecieron. Al principio, mientras rodeaban el trono, aparenta-
ban una indiferencia negligente. Pero ¡cuán cambiadas estaban! Había desaparecido la sensación de
seguridad y en su lugar reinaba un terror indecible. Cada alma se sentía presa de espanto, no fuese que se
hallara entre lo que eran hallados faltos. Todo ojo se fijaba en el rostro de Aquel que estaba sentado
sobre el trono; y mientras sus ojos escrutadores recorrían solemnemente la compañía, los corazones
temblaban porque se sentían condenados sin que se pronunciase una palabra. Con angustia en el alma,
cada uno declaraba su propia culpabilidad, y de forma terriblemente vívida veían que al pecar habían
desechado el precioso don de la vida eterna.
 .
Una clase de personas estaba anotada por haber estorbado la siembra. A medida que el ojo escrutador
del juez se posaba sobre ellos, se les revelaban distintamente sus pecados y negligencia. Con labios pá-
lidos y temblorosos reconocían que habían traicionado su santo cometido. Habían recibido advertencias
y privilegios, pero no los habían escuchado ni aprovechado. Podían ver ahora que habían presumido
demasiado de la misericordia de Dios. En verdad, no tenían que hacer confesiones como las de los viles
bajos y corrompidos; pero, como la higuera, eran malditos porque no llevaron frutos, porque no apro-
vecharon los talentos que se les habían confiado.
 .
Esta clase había hecho de su yo algo supremo, y había trabajado solamente en favor de sus intereses
egoístas. No eran ricos para (379) con Dios ni habían respondido a sus derechos sobre ellos. Aunque
profesaban ser siervos de Cristo, no le llevaron almas. Si la causa de Dios hubiese dependido de sus es-
fuerzos, habría languidecido; porque no solamente retuvieron los recursos que Dios les había prestado,
sino que se retuvieron a sí mismos. Pero ahora podían ver y sentir que al mostrarse irresponsables con
la obra de Dios, se habían colocado a la izquierda. Habían tenido una oportunidad, pero no quisieron
hacer lo que podían y debían haber hecho.
 .
Se mencionaron los nombres de todos los que profesan la verdad. Se reprendió a algunos por su incre-
dulidad y a otros por haber sido perezosos. Habían dejado que otros hiciesen la obra de la viña del Se-
ñor y llevasen las más pesadas responsabilidades, mientras que ellos servían egoístamente a sus propios
intereses temporales. Si hubiesen cultivado la capacidad que Dios les había dado, habrían llevado fiel-
mente las responsabilidades y habrían trabajado en favor de los intereses del Maestro. El juez dijo:
“Todos serán justificados por su fe, y juzgados por sus obras”. ¡Cuán vívidamente aparecía entonces su
negligencia, y cuán prudente el arreglo de Dios al dar a cada uno una obra que hacer para promover la
causa y salvar a sus semejantes! Cada uno debía manifestar una fe viva entre su familia y su vecindario,
revelando bondad hacia los pobres, compasión hacia los afligidos, dedicándose a la obra misionera y
ayudando a la causa de Dios con sus recursos. Pero, como en el caso de Meroz, la maldición de Dios
recaía sobre ellos por lo que no habían hecho. Habían amado el trabajo que les producía el mayor pro-
vecho en esta vida; y frente a sus nombres, en el libro mayor dedicado a las buenas obras, había un la-
mentable espacio en blanco.
 .
Las palabras que se dirigieron a estas personas fueron muy solemnes: “Sois pesados en la balanza y se
os ha hallado faltos. Habéis descuidado las responsabilidades espirituales en favor de las actividades
temporales, mientras que vuestra misma posición de confianza hacía necesario que tuvieseis sabiduría
más que humana y un juicio superior al juicio finito. Lo necesitabais incluso para cumplir la parte me-
cánica de vuestro trabajo; y cuando separasteis a Dios y su gloria de vuestros quehaceres, os apartasteis
de su bendición”. (380)
 .
Se hizo luego la pregunta: “¿Por qué no lavasteis las vestiduras de vuestro carácter y no las emblanque-
cisteis en la sangre del Cordero? Dios envió a su Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para que por
él pudiese salvarse. Mi amor hacia vosotros fue más abnegado que el amor de una madre. Para que pu-
diese borrarse vuestro sombrío registro de iniquidad, y ofrecerse a vuestros labios la copa de la salva-
ción, sufrí la muerte de la cruz, llevando el peso y la maldición de vuestra culpabilidad. Soporté los do-
lores de la muerte y los horrores de las tinieblas de la tumba para vencer a aquél que tenía el poder de la
muerte, abrir su cárcel y franquearon las puertas de la vida. Me sometí a la vergüenza y la agonía por-
que os amaba con amor infinito, y quería hacer volver al paraíso de Dios, al árbol de la vida, a mis ove-
jas extraviadas. Habéis despreciado esta vida de bienaventuranzas que compré para vosotros a un pre-
cio tan elevado. Habéis rehuido la vergüenza, el oprobio y la ignominia que llevó vuestro Maestro por
 vosotros. No habéis apreciado los privilegios que fueron puestos a vuestro alcance por su muerte. No
quisisteis participar de sus sufrimientos, y no podéis ahora participar de su gloria”.
 .
Entonces se pronunciaron estas palabras solemnes: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es
inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifí-
quese todavía” (Apoc. 22:11). El libro se cerró luego, y cayó el manto de la persona que estaba sentada
sobre el trono, revelando la terrible gloria del Hijo de Dios.
 .
La escena se disipó después y me encontré nuevamente en la tierra, inefablemente agradecida de que el
día de Dios no había venido todavía, y que aún se nos concede un precioso tiempo de gracia en el cual
podemos prepararnos para la eternidad.
.
TESTIMONIO PARA LA IGLESIA, tomo 4 – EL JUICIO

 

“Nada me alarma más que ver el espíritu de desavenencia manifestado por nuestros hermanos. Estamos en terreno peligroso cuando no podemos unirnos como cristianos y examinar cortésmente los puntos controvertidos. Siento el deseo de huir del lugar, no sea que reciba el molde de aquellos que no pueden investigar sinceramente las doctrinas de la Biblia. “Los que no pueden examinar imparcialmente las evidencias de una posición que difiere de la suya, no son idóneos para enseñar en departamento alguno de la causa de Dios.”
Ellen G White 1MS 482.

 



 

¡VIENE LEY DOMINICAL MUNDIAL Y PRONTO LA HISTORIA SE REPETIRÁ!…

¡YHWH (JEHOVÁ) TENGA MISERICORDIA DE SU PUEBLO!

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