a un mundo que perece...

Los jesuitas en nuestro medio

Loma Linda University

Lo que aparece a continuación viene del sitio web que aparece anteriormente, y muestra algunos de los oradores y/o artistas para el Congreso Anual de Posgrado 2012, anunciado por la Asociación de Egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad de Loma Linda:

Culto vespertino con énfasis en las misiones, 2 de marzo, 7:00 p.m., Iglesia de la Universidad de Loma Linda
Wintley A. Phipps
Pastor, cantante conocido mundialmente

[Nota: El capítulo sobre la apostasía del libro del Ministerio Para Mi Pueblo titulado La VERDAD, Toda la VERDAD y Solamente la VERDAD, menciona a Phipps.]

Culto vespertino con énfasis en las misiones, 2 de marzo, 7:00 p.m., Iglesia de la Universidad de Loma Linda
Greg Boyle
Autor de “Tattoos on the Heart” (Tatuajes en el Corazón)
Sacerdote jesuita

Se lo describe como el Gandhi de las gangas de Los Ángeles

Banquete de Gala del Congreso Anual de Posgrado 2012, lunes, 5 de marzo, 6:00 p.m. hora social, 7:00 p.m. Cena, Hotel Doubletree, Ontario
Dave Caperton
Autor
Orador
Humorista
“Perspicaz”, “hace examinar la conciencia” y ¡“francamente divertidísimo”!


http://www.llusmaa.org/component/content/article/8-apc-information/412-apc-2012-featured-speakers

Dice Dios:

Juan 8:12
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Santiago 4:4
¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Proverbios 15:2
La lengua de los sabios adornará la sabiduría; mas la boca de los necios hablará sandeces.

El Conflicto de los Siglos, p. 249
En toda la cristiandad se veía amenazado el protestantismo por formidables enemigos. Pasados los primeros triunfos de la Reforma, Roma reunió nuevas fuerzas con la esperanza de acabar con ella. Entonces fue cuando nació la orden de los jesuitas, que iba a ser el más cruel, el menos escrupuloso y el más formidable de todos los campeones del papado. Libres de todo lazo terrenal y de todo interés humano, insensibles a la voz del afecto natural, sordos a los argumentos de la razón y a la voz de la conciencia, no reconocían los miembros más ley, ni más sujeción que las de su orden, y no tenían más preocupación que la de extender su poderío. (Véase el Apéndice.) El Evangelio de Cristo había capacitado a sus adherentes para arrostrar los peligros y soportar los padecimientos, sin desmayar por el frío, el hambre, el trabajo o la miseria, y para sostener con denuedo el estandarte de la verdad frente al potro, al calabozo y a la hoguera. Para combatir contra estas fuerzas, el jesuitismo inspiraba a sus adeptos un fanatismo tal, que los habilitaba para soportar peligros similares y oponer al poder de la verdad todas las armas del engaño. Para ellos ningún crimen era demasiado grande, ninguna mentira demasiado vil, ningún disfraz demasiado difícil de llevar. Ligados por votos de pobreza y de humildad perpetuas, estudiaban el arte de adueñarse de la riqueza y del poder para consagrarlos a la destrucción del protestantismo y al restablecimiento de la supremacía papal.
Al darse a conocer como miembros de la orden, se presentaban con cierto aire de santidad, visitando las cárceles, atendiendo a los enfermos y a los pobres, haciendo profesión de haber renunciado al mundo, y llevando el sagrado nombre de Jesús, de Aquel que anduvo haciendo bienes. Pero bajo esta fingida mansedumbre, ocultaban a menudo propósitos criminales y mortíferos. Era un principio fundamental de la orden, que el fin justifica los medios. Según dicho principio, la mentira, el robo, el perjurio y el asesinato, no sólo eran perdonables, sino dignos de ser recomendados, siempre que sirvieran los intereses de la iglesia. Con muy diversos disfraces se introducían los jesuitas en los puestos del estado, elevándose hasta la categoría de consejeros de los reyes, y dirigiendo la política de las naciones. Se hacían criados para convertirse en espías de sus señores. Establecían colegios para los hijos de príncipes y nobles, y escuelas para los del pueblo; y los hijos de padres protestantes eran inducidos a observar los ritos romanistas. Toda la pompa exterior desplegada en el culto de la iglesia de Roma se aplicaba a confundir la mente y ofuscar y embaucar la imaginación, para que los hijos traicionaran aquella libertad por la cual sus padres habían trabajado y derramado su sangre. Los jesuitas se esparcieron rápidamente por toda Europa y doquiera iban lograban reavivar el papismo.

Conclusión:

Si no fuera suficiente invitar a Phipps, un amigo del mundo y de los famosos, y también a Caperton, un cómico, la invitación descarada a un sacerdote jesuita para predicar para un culto el viernes de noche, es algo vergonzoso y carente de sentido común. Ciertamente, es un ejemplo del protestantismo yendo hacia atrás. No queda duda de que está por acabarse la paciencia de Dios con su iglesia para los últimos días, y con toda seguridad, ¡Él derramará su ira!

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